domingo, agosto 29, 2010

Mi homenaje al Toro de Osborne

Fuente foto: Blog "En clase de Patrimonio"

Cada vez que paso por la Autovía A-2 (la de Barcelona-Lleida) a la altura del macizo de Montserrat, concretamente por el Bruc, me da una absoluta pena divisar un amasijo de hierros situado en una pequeña loma. Ese amasijo de hierros tumbado era el encargado de sostener la bellísima figura del Toro de Osborne, encantador aderezador de los paisajes de toda España. Este único ejemplar que queda en Cataluña ha sufrido varias veces las iras de una panda de indocumentados y descerebrados ni-nis asentados en el atocinamiento mental y físico, incapaces de representar a nadie y, mucho menos, a sí mismos.

El Toro de Osborne ha formado parte de la imaginería de mi infancia y adolescencia, cuando con mi familia, en largos viajes por coche por toda España, jugábamos a divisarlos con prontitud y el que lo "cantase" antes se anotaba un punto. Lo mismo hacíamos con las efigies de Michelín, Tío Pepe (las grandes han desaparecido todas) y los coches con matrícula de Tenerife, todo ello para entretenernos durante centenas de kilómetros en un divertido concurso que ganaba al final del viaje quien sumase más pole-visions. Especial cariño les tengo a los ejemplares situados en el Puente de Carranza de Cádiz (mi preferido); el de Albarracín, al lado de Zaragoza; el situado a la salida sur de Salamanca que se aparecía enorme en plenos amaneceres; y, cómo no, el maltratado en el Bruc en Cataluña por parásitos de la sociedad que espero sea levantado tantas veces como los terroristas de la cultura y de la libertad lo tumben.

Pocas veces la publicidad se ha sublimado tan bien con la belleza.

A tu salud, Toro de Osborne.
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