viernes, diciembre 31, 2010

Mi Carta a Los Reyes Magos

Queridos SS.MM. Reyes de Oriente:

Sé que no estáis mucho para trotes últimamente. Encima de que os ha tocado seguir viviendo en un presente convulso, en la antigua Hispania o Iberia está estableciéndose una corriente antimonárquica que no creo que os gustase mucho. Claro está que la cosa no va exactamente con vosotros, pero por si las moscas, os recomiendo andar con mucho ojo según en qué casas españolas debáis dejar vuestros presentes.
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Se acerca la Epifanía del Señor y, como viene siendo tradición en mi blog, hago recopilación de una serie de deseos ajedrecísticos para el año entrante. Son totalmente personales y relacionados con Caissa, mezclados en un curioso batiburrillo. Yo creo que me he portado bien este año: No he despotricado mucho contra los políticos, sólo me he metido en follones en unas tres o cuatro partidas, he hecho sólo cuatro tablas de 29 partidas lentas y, sobre todo, casi todos mis amigos me siguen aguantando a pesar de que a veces les agote la paciencia con mis ocurrencias blogueras y electropistolares.

Deseo N.1:

Que a todos los claveros y simpatizantes del club de Nou Barris les vaya muy bien la temporada ajedrecística 2011 y que no caigan en la tentación de pedir tablas en ninguna partida.

Deseo N.2:

Que el concepto de ser clavero empiece a trascender más allá de Nou Barris y se transforme en una religión sana y un reclamo para abrazar una de las más atractivas maneras de sentarse frente a un tablero a disputar una partida.

Deseo N.3:

Que al fin pueda volver a disputar un torneo en mi tierra natal, Tenerife. Hace 21 años que no juego ningún torneo por allá, desde mi época de juveniles. Mira que ha pasado tiempo, aunque el Centro de Ajedrez Cajacanarias del barrio de la Cruz del Señor está exactamente igual que como lo dejé.

Deseo N.4:

Que algunos jugadores reincidentes y reiterativos en su chulería tengan más respeto con sus rivales y con los organizadores de torneos. El pago de una inscripción no da derecho a todo, ni a que los demás deban pensar y aceptar que “El cliente siempre tiene razón.”

Deseo N.5:

Que en los torneos de rápidas, los jugadores aficionados a hacer trampas y fullerías de todo tipo que harían enrojecer de vergüenza a cualquiera que tiene dos dedos de frente, sufran en silencio el ostracismo y el aislamiento progresivo de los organizadores y jugadores. Una lista de chanchulleros pública sería una solución.

Deseo N.6:

Que, desde alguna página web, se dejen de lado cruzadas personales y campañas de ridiculización contra algunos ajedrecistas y se dediquen a informar sobre ajedrez, que es lo que a todos nos interesa. Y que las opiniones polémicas en blogs o webs estén siempre firmadas y no ser anónimas.

Deseo N.7:

Que la página web de la Federación Catalana de Ajedrez funcione bien en el Por equipos 2011 y no se convierta de nuevo en un hervidero de troyanos destructores de los ordenadores mejor equipados.

Deseo N.8:

Que el narcisismo imperante del Elo Catalán deje paso a la verdadera utilidad del Elo Internacional. Poco a poco, se irá consiguiendo que la corriente de opinión políticamente correcta pero minoritaria se anule a favor de la auténtica coherencia. Cada año pido lo mismo, ya lo sé.

Deseo N.9

Que la política de ajedrez de clubs sea sostenible y apostando por la cantera, huyendo del florentinismo, y que los jugadores anónimos que se encargan de organizarlo todo y no salen en los libros sean más reconocidos.

¡Feliz 2011 a todos!

sábado, diciembre 18, 2010

Open Ideal Clavé 2010, Clausura. La redención

El Viajero del Tiempo se levantó dolorido con una horrorosa herida en la frente, de la que manaba abundante sangre. No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente, pero se hallaba una gigantesca habitación multicolorida, llena de gente. El recinto estaba poblado por árboles violetas y naranjas y un riachuelo de color marrón lo cruzaba en zigzag. El olor era extraordinariamente dulzón y abría el apetito, aunque el dolor de cabeza del Viajero no le inducía precisamente a pensar en los placeres gastronómicos de los que su querida ama de llaves, la señora Miravet, le surtía en su casa de 1899. Libélulas gigantes zumbaban alrededor de la sala y tocaban hermosas melodías con sus alas transparentes. Era absolutamente increíble y embriagadora la sensación del Viajero, y pronto empezó a verse involucrado en situaciones muy pintorescas. Varios seres extraños empezaron a caminar en círculos alrededor de él entonando voces cantarinas…

- Ou Ou Ou, soy el Papá Noel del Ajedrez, reparto regalos por Navidad.



-¿Qué dices, Sergi?


-Ou ou ou es cero cero cero, ¿o es que tus cursos en inglés no te cunden, Darias?


- Sergi Yussupov, aunque te hayan metido un enroque extralargo O-O-O-O, sigues con tu sentido del humor de siempre. Así me gusta.


- Ou ou ou, ou ou ou…Darias, te he ganado.


- The rain in Spain stays mainly in the plain.


- Darias, no disimules...has hecho una ilegal.


- ¿Las tablas por ahogado y jaque contínuo no están prohibidas en el Ideal Clavé? Menos mal…


- Gea, ya que nos toca jugar hoy en rápidas, ¿qué te parece si quitamos las damas del tablero antes de la partida?


- Señoras y señores, tengo que anunciarles un gran resultado en la mesa 4. Alfonso Gisbert ha ganado a Sergi Ibáñez.


- Anatoly Gisbert ha quedado segundo del grupo B, por detrás del GM Bertolín.


- Paseo militar de Bertolín, que no ha encontrado ciertamente resistencia. Sólo perdió la final con Rosich por tiempo.


- ¿Por qué no le damos el trofeo de las rápidas a Trigas desde el principio y nos ahorramos el torneo?

El viajero no daba crédito: “Qué raro. ¿Otra vez la misma gente que me invitó al uruguayo y con la que jugué el Por Equipos 2011, ayudando a ascender todos los equipos? No puede ser, si estoy a decenas de siglos de distancia.”

Un batiburrillo de voces empezó a marear más al confuso Viajero, y éstas cada vez se hacían más ininteligibles. Los personajes dejaron de caminar en círculos y se metieron en una caja de bombones de Reader’s Digest y desaparecieron totalmente, pero no tardaron en ser reemplazados por unos seres distintos, pero igualmente simpáticos:

- Ejem ejemm cr cr cj cj cj cj



- Gea, has repetido la misma posición diez veces, eso es tablas.


- Ejem ejemmmm cr cr cr cj cj cj


- Gea, hace muchos años, en el Open del Clavé de 1996, creo que hiciste seis tablas.


- Pérez, esto ha sido muy rastrero, no te lo voy a perdonar nunca que lo hayas dicho en público.


- Y yo que iba a pedir perdón por haber hecho dos tablas en el torneo de rápidas. Esto es indignante.


Dichos seres estaban al lado del río marrón jugando varias partidas de ajedrez sobre un tablero de mármol de Palmira de varios metros de largo. Las piezas eran de oro y el reloj de control era una réplica del Big Ben londinense. El ser que respondía al nombre de Gea refunfuñó en su idioma irreconocible y se acabó la partida, derritiéndose el tablero en el río inmediatamente. Una explosión de colores que salió de la hoja de luz mágica que estaba colgada en una pared de ladrillos azucarados con mortero de miermelada, hizo que las libélulas zumbantes empezasen a canturrear una hermosa canción, acompañadas por dos guitarras acústicas:

“I once made a draw
Or should I say
A draw made me”


La libélula más grande de todas se comió las guitarras y sacó una sección de viento de bolsillo prestada a La Máscara:

“All you need is draw”
“All you need is draw”
“All you need is draw”
“Draw is all you need”

La fanfarria era excesiva y la libélula jefe decidió mandarla a tomar viento, regurgitando las dos guitarras acústicas de sus tripas de Ebay:

“Here comes the draw tu tu tu tu”
“Here comes the draw I said”
“It’s alright”

Este último verso fue cantado a capella por cuatro de los alegres lepidópteros que se habían incorporado a la función. La música era muy familiar, aunque el Viajero del tiempo no tuvo tiempo (Maestro, pleonasmo) de preguntarse el significado de dichas palabras y se vio de repente en una corriente eléctrica encima de una balsa de madera de chocolate, en dirección a una catarata de color dorado que parecía romperse muchas decenas de metros más abajo. Fuegos artificiales estallaban en la orilla izquierda, al lado de unas rocas rojas. Una fiesta se celebraba con una mesa repleta de manjares: todos bebían y comían con profusión.

- Qué rico está este chorizo.



- Me he encontrado un billete de 3000 millones de euros en un sobre. ¿Es algún premio del Open?


- Esto ha sido como un Social con gente de fuera.


- Realmente me lo he pasado muy bien en este torneo, pienso repetir el año que viene.


- Los que no hayan pasado a recoger su tablero de chocolate, se siente. Pasa a la banca del club.
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- Darias, mucho cuento y en el pica-pica no has traído el queso majorero que nos prometiste.
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- Eso era con los ocho de ocho emparejamientos, y sólo me hicisteis caso en dos. Viajero, ¿cómo estás? ¿Tú por aquí?


- ¡Darias!


- Sí, Viajero, por fin volvemos a vernos. Ya se ha cerrado el círculo. Cuando me separé de ti no era más que el ladronzuelo, ahora yo soy el Viajero.


- ¡Nooooooooooo!


- No temas, Viajero, el Capitán Nemo nos llevará al bosque de la Isla de Crespo para jugar un torneo de rápidas a un segundo por jugador.


- ¡Nooooooooooo!

El Viajero del Tiempo abrió los ojos y se vio en medio del césped, con un enorme corte en la frente, que sangraba todavía profusamente. La estatua con el inmenso alfil seguía allí, y el búnker esta vez estaba abierto de par en par. Las puertas de acero se habían retirado hacia los lados y su Máquina del Tiempo, que había desaparecido misteriosamente una horas antes, emergía a lo lejos en un diminuto cuarto lleno de vapores. Alzó la cabeza y vio que el impío ladrón, ese Darias, estaba echando mano a una especie de botiquín. ¿Cómo habían llegado a coincidir en época y lugar?

- Antes de que me preguntes o recrimines nada, sé lo que estás pensando. Uilicé tu máquina movido por la curiosidad, luego la codicia, luego el miedo, luego el odio y luego acabé en el Lado Oscuro…

Asombrado, el Viajero del Tiempo comprobó que el festival al que había asistido se había producido sólo en su cabeza. El paisaje seguía igual de verde que antes, y los colores raros se habían evaporado rápidamente. El delirio había remitido y una providencial causalidad lo había puesto frente a frente con el miserable ladrón que le había robado su primer prototipo en aquella tan lejana fecha de noviembre de 2010. El Viajero del Tiempo se encontraba muy mal, pero no tragó:

- Óigame usted. Ya me sé esa historia, no recurra a películas de su época para darme lástima. No se olvide de que usted, con su vil robo, me dejó tirado en 2010 y suerte que en unos meses de duro rehacer de mi invento, me pude poner al día de toda la cultura mundial.



- Soy un extraterrestre del planeta Vulcano…


- Darias, por favor, está usted haciendo el ridículo, eso lo hizo Marty McFly en “Regreso al futuro”, pero aquí no cuela.


- Vale, Viajero. Todo empezó con esa bromita sin importancia de llegar a la Ronda 6 del Open del Ideal Clavé de 2010 con 6 puntos de 6, pero se empezó a complicar con la alteración progresiva de las ondas del espacio-tiempo. Usted lo sabe mejor que nadie: se cambia un suceso nimio en un punto temporal y esto puede afectar a un país o planeta entero un año más tarde. Para evitarlo, tuve que llevar una doble vida con la Máquina que le robé a usted y hacer como si viviese en 2010 normalmente, pero haciendo que los hechos a mi alrededor se fuesen cumpliendo según decía el futuro que había visitado.

El Viajero del Tiempo empezó a sentir verdadera pena por el impío Darias, que estaba curándolo diligentemente con potingues del siglo XXI. No se trataba más que de una víctima más del juego humano a ser Dios. Nada nuevo bajo el sol. Él también había estado a punto de padecerlo.

- Dígame, ¿cómo es que hemos coincidido en el año 90210 y en el mismo lugar? Es mucha casualidad, ¿no cree?



- Verá, con su primer prototipo de Máquina, se me ocurrió instalar un dispositivo con contraseña que impidiese utilizarla a extraños. Usted sólo había previsto quitar la palanca de traslación temporal si el Viajero abandonaba la Máquina, y, perdone mi atrevimiento, en el siglo XXI, cualquier quinqui se la hubiese robado con un vilgar puente. En esa época no dejamos cosas en la calle ni dejamos las puertas de casa abiertas.


- Lo de quinqui se refiere a usted mismo, supongo…


- …lo malo es que un amigo mío, Sergi Ibáñez, me instaló el dispositivo y me puso una versión de pruebas que caducó justo después de un terrible viaje que también me ha dejado tirado aquí. Igual tuvo algo que ver que no le pagase la instalación del ingenio...


- Conozco a Sergi Ibáñez, le repito que estuve en su época y él me ayudó a construir una máquina nueva, ésa que ve al fondo en el búnker abierto.

Darias comprobó lo que el Viajero del Tiempo le decía y asímismo, confesó que la primera Máquina del Tiempo estaba segura y escondida en unas ruinas cercanas al río. Entonces tuvo una idea…

- Viajero, le voy a hacer una propuesta que no podrá rechazar...
- Darias, ya está bien...
- Espere, espere... He perdido el control, ya lo sabes. Necesito que el verdadero creador de este artefacto reestablezca el orden y me ayude a purgar mis múltiples crímenes temporales.

El Viajero ya se encontraba mejor y había pensado en destruir la Máquina en poder de Darias y luego regresar a 1899 y destruir la suya, pero decidió esperar la propuesta del impío.

- Sé que está pensando que el invento de la Máquina del Tiempo acabará destruyéndole a usted, como ya ha hecho conmigo, saltando de aquí a allá para reparar grietas temporales. Estoy de acuerdo con ello, tenemos que destruir el artefacto demoniaco.



- Estamos de acuerdo.


- Pero, sólo el primer prototipo, el que le robé el 11 de Noviembre de 2010 el aquel torneo de ajedrez, después de la parada de su primer viaje.


- ¿Por qué?


- Porque, con el segundo prototipo, ése que te tuneó Sergi Ibáñez y que sólo ha utilizado usted, podemos empezar a trabajar en un proyecto al que llevo tiempo dándole vueltas…


- ¿Cuál es ese proyecto?

Darias le explicó al Viajero del Tiempo, durante media hora, su plan. Éste se encolerizó primero, después se calmó, a continuación se puso rojo de ira, luego se volvió a calmar, hasta que finalmente una enorme sonrisa se dibujó en su cara y exclamó:

- ¡Trato hecho! ¡Trato hecho!



- Pues volvamos cada uno a su época. Usted a 1899 y yo a 2010. Destruyamos la primera máquina y utilicemos la segunda para volver a nuestras casas, que echo de menos mi hipoteca.


- Lástima, yo pensaba volver con tres libros a 90210 para recuperar a estos salvajes. Ya ha visto que toda la cultura ha sido destruida o ignorada. Además, había una bella mujer llamada Cleera que creo que me hacía algo de caso, créame, en 1899 no me comía un rosco.


- ¿Qué libros se iba a traer para reconducir a esta sociedad?


- Iba a empezar con tres libros de ajedrez, para que esta gente recuperase el pensamiento y abandonase el automatismo sexual reproductivo. Pensaba que “200 celadas de apertura”, “Eliagra: Aumente su Elo” y “If you think that chess is funny, play strip-poker and save your money”.


- Volvamos a nuestras épocas. En el camino, le explicaré que no son esos los libros de ajedrez adecuados para regenerar una sociedad, sino para degenerarla…


- ¿Qué libros sugiere usted?


- Sugiero libros de cultura genetal: “Curso de controlador aéreo”, “El monolito es Dios” o “La metamorfosis.”


- ¡Éste puede ser el inicio de una gran amistad!


- Usted me acusa a mí de ser un criminal temporal, pero peor es ser un plagiario… Venga, vamos a cumplir lo pactado.

Los dos nuevos amigos se dirigieron al escondite de la Máquina robada, debajo del búnker, le prendieron fuego y se quitaron un gran peso de encima con el crepitar de las enormes llamas.

lunes, diciembre 06, 2010

El quirófano

La Constitución Española recoge el Derecho a la huelga, si se hace siguiendo una serie de reglas convenientemente enumeradas y votadas en democracia. El pasado viernes 3 de Diciembre de 2010, los controladores aéreos sorprendieron a toda España con una huelga sorpresa. La historia que he escrito recoge mi sentir personal al respecto.
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EL QUIRÓFANO

- ¿Ha finalizado el período de aplicación anestesial?
- Sí.
- Bisturí.
- Aquí tiene.
- Suba un punto el oxígeno, por favor.
- Subido.
- Señores, todos listos. Vamos a por ello.


El cirujano-jefe se dispuso a empezar su ardua tarea. Un reproductor con música de Mozart ambientaba eficazmente el trabajo. El paciente, no muy entrado en edad, pero con un visible envejecimiento prematuro, había sufrido hace una hora una insuficiencia coronaria aguda. La urgencia más absoluta era lo que más motivaba a los galenos, que se disponían a realizar de nuevo lo que más les gustaba y lo que les había costado años y años de estudio y práctica continuada.

- Muchísimas veces he entrado en este quirófano y todavía sigo sintiendo ese gusanillo extraño, cada vez que estoy a punto de comenzar una intervención.
- Eso les pasa a los mejores actores cuando llevan representando decenas de veces la misma función.
- Sí, cuando la serie de representaciones va a acabar, es cuando más rodados están. Si no sintiesen el gusanillo, no podrían actuar.

El trabajo estaba siendo rápido, dentro de la complicación que conllevaba inevitablemente cualquier intervención quirúrgica. El cirujano-jefe, después de un pormenorizado análisis del corazón enfermo, suponía que el paciente se recuperaría en un plazo de tres o cuatro semanas y podría realizar vida normal, eso sí, sin volver a fumar en su vida.

- Si alguien le hubiese advertido a este buen hombre que el tabaco lo podía haber llevado a la tumba hace escasamente dos horas…
- …no tendría ahora a su esposa y su hijo fuera, sufriendo en silencio. Me gustaría poder salir y consolarlos, pero mi misión es primero salvar y luego tranquilizar.
- No se preocupe, doctor. Si no me necesita, me encargo de ello en un minuto y vuelvo.
- Vaya Ud., pero le necesitaré en unos diez minutos para el recambio del material.


Magnífico trabajo el del equipo. Las arterias coronarias volvían a funcionar sosegadamente y, por fortuna, el éxito de la medicina había aplazado de nuevo la hoja de la guadaña…Mozart, con su Sonata Alla Turca, contribuía a un clima de felicidad y un ambiente cargado de emociones positivas. El cirujano-jefe conocía ese momento, cuando por fin la operación llegaba a su fin exitoso y se producía ese clímax de autorrealización que persigue siempre todo profesional. Paseó su mirada por el quirófano, mientras el paciente seguía sumido en un sueño anestésico con el pecho cosido cuidadosamente. Sonrió a los dos celadores, la enfermera, el encargado de material que había vuelto de tranquilizar a la esposa del enfermo, el anestesista, el encargado del oxígeno…

- ¿Dónde esá el encargado del oxígeno?

Un pitido desagradable inundó la sala y la alarma cundió en el quirófano. El aparato de las constantes vitales empezaba a fluctuar hacie el abismo con peligrosas horizontales espasmódicas y el paciente había entrado en una crisis muy peligrosa. Una insuficiencia respiratoria, según lo que marcaban los osciloscopios.

- ¡Oxígeno! Por el amor de Dios, ¡oxígeno!

El encargado del suministro de oxígeno al paciente no estaba. El cirujano jefe sólo tuvo tiempo de preguntar, visiblemente asustado:

- ¡Maldita sea! ¿Por qué ha abandonado este chico su puesto de trabajo?
- Nadie lo ha visto irse, señor. Cada uno de nosotros estaba en su puesto y…
- ¡Lo sé, lo sé! Usted mismo, póngase en la máquina, ¡rápido!
- Señor, el paciente ya no recibe oxígeno. La máquina ha quedado descuidada durante un tiempo vital.
- ¡Hagan algo, recupérenlo, que las constantes vitales se escapan! ¡Intentaré el electroshock!

Nadie sabía a ciencia cierta cuánto tiempo había quedado sola la máquina del oxígeno. ¿Diez segundos? ¿Medio minuto? Sólo un segundo podía significar un paso a la eternidad. Todos los componentes del equipo quirúrgico estaban enfrascado en su labor y era absolutamente inconcebible que alguien pudiese abandonarla sin más. Los nervios se apoderaron de los médicos, pero, con gran entereza, intentaron el milagro de salvar al paciente, ya fatalmente asfixiado. La línea plana de los diagramas cortó todo atisbo de última esperanza.

- No hay nada que hacer.
- Hora de la muerte, las 15:45.
- Maldita sea. ¡Maldita sea!

Varias lágrimas de desesperación corrieron por las mejillas del cirujano jefe. La enfermera tenía la cara tapada con las manos, uno de los ayudantes temblaba de ira y sólo Mózart parecía burlarse del destrozado equipo con florituras pianísticas que golpeaban sin cesar el destrozado cerebro de los galenos.

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En los pasillos del hospital, un hombre vestido con ropa de quirófano que caminaba apresuradamente, se tropezó con una señora y dos niños. La mujer, que iba cargada con un ramo de flores, se cayó al suelo y algunos claveles quedaron desgajados y dispersados.

- Lo siento, doctor. No miraba por donde iba.
- Yo he tenido la culpa, señora. Tengo prisa, porque desde hace unos minutos estoy haciendo huelga y debo salir del recinto hospitalario a reunirme con un grupo de gente.
- Vaya, ¿está insatisfecho con su trabajo?
- Sí, creo que no debería trabajar tantas horas, porque no libro nunca ni veo a mi mujer e hijo. Que les vaya bien...
- Mamá, ¿qué es una huelga?
- Hijo, te lo explicaré después. Ahora vamos a ver al cirujano que ha operado a tu padre, que parece que tiene noticias nuevas. Pude arrancarle a uno de los celadores de su equipo que no nos preocupásemos, que todo iba como la seda. Pronto podrás abrazar a papá, hijo.

Sin darle tiempo a decirle algo más al médico que hacía la huelga, ya que éste había desaparecido rápidamente por el laberinto de pasillos del hospital, la mujer recogió las flores del suelo y se dirigió con su hijo al despacho del cirujano-jefe.
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El encargado del oxígeno se lamentó del tropezón con la mujer, que le había hecho perder algo de tiempo, y al fin pudo quitarse la bata médica en las taquillas del hospital. Salió del edificio para reunirse con los demás reivindicadores, que ya se asomaban por la avenida principal.
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